Pantallas adictivas
Pantallas adictivas

La pantagruélica oferta audiovisual tiene su síndrome psicológico asociado.

El año pasado con una mano fatídica de la pandemia, el streaming o visionado en línea pasó de ser de tendencia en alza a la regla general y aunque coexisten los demás medios masivos de comunicación, ya es como el “Anillo Único” que rige a los demás en la saga de Tolkien. 

Eso ha acelerado y encarnecido la llamada “Guerra del Streaming” entre las plataformas, todavía con la pionera Netflix a la cabeza, pero acosada por Amazon, HBO –con mejores producciones pero menos fuerte- y en particular la gigantesca Disney con Plus y sus otros servicios al caer. 

Panorama con el espectador en una posición ventajosa porque puede elegir y su suscripción puede inclinar la balanza, aunque también víctima del FOMO – acrónimo de Fear Of Missing Out en inglés-, que define a la fobia de perderse algo o quedarse afuera. 

La publicidad y el marketing bombardean sobre esa serie o este film maravilloso provocando curiosidad o el FOMO de marras, que la neurociencia explica a través del circuito de la dopamina y  la consiguiente adicción. 

Lo cierto es que cuanto más sonados los éxitos más perecederos, como prueban las pocas semanas en que el mundo conectado pasó de la admiración por la miniserie Gambito de Dama a volverse loco por la estética cincuentera del ciclo WandaVision, entre otros ejemplos. 

Un problema para la industria audiovisual que debe alimentar esa cinta sin fin y para los consumidores, que ganarían dándose tiempo para buscar los tesoros perdidos en el catálogo del servicio que hayan pagado o en la enorme oferta gratuita, antes de encandilarse con cada espejito colorido y quizás incursionar en  JOMO – Joy of missing out- o la alegría de perderse algo.

Categoría: Cultura
2021-02-03 19:31:56
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