Un lugar para soñar

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Una romántica producción de Netflix, que en pocos días lanzará su segunda temporada. 

El título original de la serie es Virgin River y se basa en la novelas -21 hasta el momento- que la  escritora estadounidense Robyn Carr ambientó en ese remoto pueblito del norte de California. 

Diez episodios a modo de relato coral, que comienzan con la llegada de una forastera -un recurso narrativo no por usado menos efectivo-, que va descubriendo sitios, costumbres y habitantes junto al espectador. 

La forastera es Mel Monroe, una enfermera que se muda para trabajar en la clínica del veterano Dr. Mullins y huir de un pasado doloroso. Algo que al principio se le dificulta porque su jefe es un cascarrabias, pero mejora cuando conoce a Jack Sheridan, dueño del restaurante local y poseedor de su propio pasado doloroso –flashbacks a carradas-  como veterano de la guerra de Irak. 

En la hora de cada episodio se van cruzando los pacientes de una con los clientes del otro, hay apariciones especiales de los traficantes que se esconden en el bosque cercano y otras historias dramáticas –temas actuales expuestos con la más absoluta corrección política- aliviadas con algunas escenas jocosas, normalmente generadas por la alcaldesa. 

El conjunto luce como una telenovela – lo anticipa el título edulcorado elegido para la distribución iberoamericana-, con mucho presupuesto, cuya primera temporada se lanzó en diciembre de 2019 y tuvo bastante repercusión no obstante la trama previsible y las interpretaciones rutinarias, que con poco esfuerzo será superada por la segunda -rodada antes de la pandemia- a estrenar el 27 de noviembre. 

Ficha técnica. Showrunner: Sue Tenney. Música: Jeff Garber. Intérpretes: Alexandra Breckenridge, Martin Henderson, Annette O’Toole, Tim Matheson. Origen: USA, 2019.

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