Tiger King

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“El Rey Tigre: Asesinato, caos y locura.”, el estreno de Netflix que ha acaparado la atención global desde marzo de este año.

Es raro que una producción documental atraiga tanto sin hacer referencia a un tema candente o a una figura famosa, pero esta miniserie dirigida por Eric Goode y Rebecca Chaiklin lo merece sobradamente al presentar un protagonista sui generis y el desconocido submundo de la cría y el contrabando de grandes felinos, en una trama macabra, que reflejada como ficción se habría descartado por inverosímil.

Nacido en Kansas, Joseph Schreibvogel se rebautizó Joe Exotic en la década del 90 cuando se mudó a Oklahoma para hacer realidad el sueño de tener un zoológico. 

Aunque a través del tiempo ese sueño y su pasión por los grandes felinos se fueron contaminando por el apetito de fama, el contrabando de cachorros, los espectáculos más o menos ilegales y en paralelo iba creciendo la confrontación con los organismos protectores de la vida animal y la rivalidad feroz por la atención y los dólares del público con “colegas” como Carole Baskin. 

Camino cuesta abajo con una corte de personajes para compadecer o temer, entre socios, parejas, empleados y un largo etcétera, donde no falta el pequeño suspenso sobre el destino de este irrepetible rey. 

En sus siete episodios de alrededor de 50 minutos – en abril y por razones meramente  comerciales Netflix pegoteó como octavo a una videoconferencia con contenido prescindible-, Tiger King obliga a abrir los ojos como platos con su anecdotario demente, pero también revela que en el presente dos terceras partes de los tigres están en cautiverio y muchos en manos de particulares irresponsables, lo que encenderá una alerta la próxima vez que las noticias hablen de un puma suelto en la ciudad.

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