La delgada línea azul

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Un hito del género documental por sí mismo y por las consecuencias de su estreno. 

En 1988, Errol Morris estrenó The Thin Blue Line después de más de dos años de investigación y producción, algo esperable ya que se autodefine como director-detective y por las complejidades del caso policial en el que centró el documental. 

A fines de noviembre de 1976, el automóvil de Randall Evans dejó de funcionar en un camino suburbano de Dallas, pero un joven conductor lo recogió amablemente y después de compartir unas cervezas lo acercó al motel donde vivía. 

La misma noche, en el mismo camino acribillaron a balazos a un policía que paró a un Ford azul presuntamente robado y un mes más tarde Evans era detenido como el posible culpable, enjuiciado con evidencia circunstancial y condenado a muerte, aunque finalmente se le conmutó la pena por cadena perpetua. 

Sin voces off redundantes, Morris presenta los pormenores del asesinato sólo con testimonios de los involucrados: el convicto, el fiscal, los policías, los testigos, los abogados defensores, el psiquiatra de la fiscalía apodado “Dr. Muerte”.

Tomas frontales y cercanas que involucran al espectador como jurados de una suerte de apelación cinematográfica ya que la judicial nunca se concretó, más algunas recreaciones sin dialogo, insertos de archivo de la época y la punzante vibra musical de Philip Glass. 

Premiadísimo documental cuya estructura entonces novedosa se volvió estilo copiadísimo, cuya temática sigue vigente en cada manipulación de la justicia, que puede encontrarse online y –alerta spoiler- cuyo colofón llegó en 1989, cuando reabrieron el caso y liberaron al desafortunado que casi fue ejecutado por la ineptitud de unos y la iniquidad de otros. 

Ficha técnica Dirección y guion: Errol Morris. Edición: Paul Barnes. Música: Philip Glass. Origen: USA. 

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