Es importante seguir donando sangre

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¿Sabes que poder donar sangre todo el año, y en tiempos de pandemia, también plasma? Meli, periodista de la Cooperativa Ecomedios e integrante de El Digital de Bahía nos cuenta como fue su experiencia. Te invitamos a leerla

Sonó el despertador a las 7 de la mañana, predominaba la humedad. Me levanté, vestí y me dirigí a la cocina dispuesta a desayunar un té con galletitas mientras escuchaba las noticias en la radio. Como es costumbre, el tiempo corre muy rápido, y entre sorbo y sorbo, enseguida de hizo la hora de salir de casa. 

Subí al auto con mi marido y nos dirigimos a la salita médica de la calle Dorbiny 2578 donde actualmente está funcionando el servicio de hemoterapia del Hospital Interzonal Gral. Dr. José Penna. La semana anterior habíamos mandado un Whatsapp al 291-5262649  solicitando un turno para donar sangre y nos asignaron para ese día, a las 8 hs.  

Llegamos a la salita, y muy amablemente nos atendió la secretaría, quien preguntó si era la primera vez que hacíamos donación de sangre. Al ser positiva mi respuesta, la secretaría me hizo pasar al consultorio donde estaba Olga, para revisar si las venas estaban aptas para efectuar la donación.  Una vez que ella dio su aprobación, volví a la sala de espera y la secretaria me entregó un formulario el cual tuve que ir respondiendo con sí o no. 

Cuando finalice el cuestionario me llamó la doctora Isabel Gallez quien revisó mis respuestas para saber si yo cumplía con los requisitos para donar, es decir, pesar más de 50 kg, haber ingerido alimentos antes de acercarme al lugar y ser  mayor de 16 años. La doctora también descartó aquellas cuestiones que podían limitar la posibilidad de donar: embarazo, colocación de tatuajes o piercings en el último año y prácticas sexuales de riesgo. 

Isabel me controló la presión y, mientras, me contó sobre la importancia de donar sangre y invitándome a ser donante voluntaria de forma frecuente sin olvidar que no es necesario  donar citando el  nombre de una persona.

Todas las personas que esperan la donación tienen un nombre y muchas veces sus preocupaciones son muy grandes como para sumarle la necesidad de buscar dadores de sangre, por este motivo Gallez me argumentó la necesidad de tener un banco de sangre que recibe dadores constantemente. Por último, me avisó que mi sangre iba a ser analizada antes de llevar al banco de sangre y si se llegase a encontrar alguna anomalía se me va a dar aviso.

Luego de la charla me dirigí a ver a Patricia, quien me hizo recostar en una camilla e insertó la aguja que apenas sentí en el brazo; me acercó una pelota de goma para apretar con la mano, que poseía la aguja para facilitar el bombeo de sangre que iba de mi brazo a una bolsa de poco menos de medio litro. 

Todo esto fue breve, con una duración inferior a 15 minutos y no fue muy distinta a la sensación de sacarme sangre para hacerme análisis para los estudios de rutina, solo que permanecí un rato más allí. 

Una vez que se llenó la bolsa, Patricia colocó un algodón en el lugar del pinchazo y luego me ayudó a reincorporarme. Preguntó si me encontraba bien y entonces estaba por venir la mejor parte: la entrega de un alfajor de chocolate blanco -como me gustan a mi- para ir a desayunar y luego descansar.

Casi lista…

Normalmente allí termina el proceso de donación, que realmente es muy ameno y gratificante. En mi caso siguió un poquito más, porque sin querer, cuando me reincorporé de la camilla tensione el brazo e hice un poco de fuerza donde  había tenido colocada la aguja. Eso hizo que se escapará un poco de sangre del algodón, nada que un poco de presión y una nueva apósito no solucionen. 

El problema es que suelo impresionarme con la sangre y de no haber sido por esa pequeña fuerza, no hubiese visto sangre en todo el proceso de donación y me hubiese retirado invicta del lugar. Pero, mala mía, vi como me chorreaba apenitas sangre del algodón (realmente era muy poquito), y por mi forma de ser, se me bajó la presión y casi me desmayo. Pero en ningún momento tuve nada que temer.

El equipo de hemoterapia se portó muy bien conmigo, y enseguida me hicieron acostar con los pies en alto, me abanicaban, me pusieron música para que me relaje, y unos aceites energizantes de Patricia. Estuve  un ratito con suero para poder recuperarme un poco más rápido y la doctora Gallez se quedó a mi lado todo el tiempo, hasta que la presión volvió a estabilizarse. Olga, Patricia y también la secretaria también estuvieron muy atentas conmigo.  

Una vez recuperada, nos retiramos. La doctora Gallez, muy amablemente nos acompañó hasta el auto y se despidió de nosotros agradeciéndoles por haber donado sangre e invitándonos a repetirlo en un tiempo.

Me fui feliz del lugar, y me sentí muy contenta, por haberme animado a donar, sabiendo que mi sangre va a ser útil para alguien que la está necesitando. También me sentí muy orgullosa del hermoso equipo humano que trabaja en el área de hemoterapia del hospital Penna.  ¿Y qué más puedo decir? Si a pesar de todo, fue una hermosa experiencia que recomiendo ejercer. 

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