Dolor y gloria

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Un Almodóvar clásico y con una inusual cuota de intimidad. 

Dolor y gloria no es autobiografía ni mucho menos, pero Pedro Almodóvar ha admitido que se trata del cierre de una trilogía integrada por  La ley del deseo (1987) y La mala educación (2004).

Particularmente cercana, ya que sus tres protagonistas masculinos son directores de cine como él mismo y comparten muchos de sus puntos de vista y experiencias sobre su profesión y su vida. 

El protagonista es Salvador Mallo -Antonio Banderas vestido y peinado de manera similar al manchego-, un escritor y realizador de cine otrora exitoso, cuyas  constantes dolencias físicas le impiden trabajar y lo sumen en la depresión. 

Pero el reestreno de uno de sus viejos films lo acerca a un antiguo colaborador y una toxicidad que le trae recuerdos de su madre y su pasado, con consecuencias inesperadas tanto para el protagonista como para el espectador. 

Quien añore aquel Almodóvar esperpéntico y de humor ácido de las  primeras realizaciones o los melodramas kitsch o estilizados que vinieron después  quedará sorprendido o decepcionado, porque lo que vemos es un drama sentido y despojado, con una puesta clásica y la mejor interpretación de Banderas, aunque por supuesto no falten los guiños a toda la filmografía previa y un delicioso marco de cine en el cine.

Un largometraje candidato a llevarse muchas de las preseas en danza en la ya comenzada temporada de premiaciones, que pasó brevemente por las salas locales pero que ya se encuentra en el catálogo de Netflix, algo para aprovechar antes de que salga por algún vaivén contractual. 

Ficha técnica. Dirección y guión: Pedro Almodóvar. Música: Alberto Iglesias. Fotografía: José Luis Alcaine. Intérpretes: Antonio Banderas, Asier Etxeandia, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia. Origen: Francia, España- 2019. Calificación: Sólo apto para mayores de 16 años

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