Desde la multiventana

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Curiosidades de la Split-Screen de ayer, de hoy y de siempre. 

A estas alturas de la cuarentena global tanto los encuentros personales como los programas televisivos en vivo se hacen con Zoom, Meet u otra aplicación y repiten el modo “multiventana” o pantalla múltiple, algo que el cine creó hace más de un siglo y con otro propósito. 

En nombre formal del recurso es Split-Screen o pantalla fragmentada y se lo ha usado para mostrar acciones simultáneas o cuya yuxtaposición produce un efecto, normalmente tensión o comicidad. 

Apareció por primera vez -que se tenga registro- en el corto fantasioso Les affiches en goguette (1906) del pionero Georges Méliès, que muestra unos carteles publicitarios que se mofan de los paseantes y terminan escapando del muro donde estaban pegados. 

Siguió utilizándose bastante en el periodo silente, contraponiendo épocas en El Nacimiento de una nación (1915) de D.W. Griffith y elevado a estilo narrativo –Polyvision- en Napoleón (1927) de Abel Gancé.  

Luego casi se dejó de lado, probablemente porque volvía cara y laboriosa la impresión del negativo, pero volvió con fuerza en la década del sesenta en films de suspenso y acción como El affaire de Thomas Crown (Norman Jewison; 1968), uno de los mejores porque con estética caleidoscópica, la Split-Screen resaltaba los riegos y el glamour de la vida del protagonista.  

Mientras que en comedias románticas como Indiscret (Stanley Donen; 1958) o  Pilow Talks (Michael Gordon; 1959), permitía que unos tórtolos burlaran la censura del Código Hays y compartieran intimidad virtual, un guiño presente en Abajo el amor (Peyton Reed; 2003). 

Aunque uno de los directores que lo usa consistentemente con carga hitchcockiana es Brian de Palma, como evidencia Vestida para Matar (1980).   

Y la realidad presente ha copiado malamente al arte y tiene fragmentado al mundo entero.  

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